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viernes, 14 de noviembre de 2008

Exposición CHICO DA SILVA. Guadalajara

"Lo indígena y lo popular cuando produce
arte es tan contemporáneo como lo más". Kevin Power.

EL DESCUBRIMIENTO

Llegaba a Fortaleza, capital del estado de Ceará, en el Nordeste brasileño, el último día de carnaval de 1995. De camino a mi alojamiento, desde el aeropuerto entonces local, encontramos una comitiva de “Maracatú”- un cortejo, con danzas y música, heredado de los tiempos de la esclavitud que representa el ritual de la coronación de los reyes africanos en tierras brasileñas-, la atmósfera era fascinante y aun hoy me emociona el recuerdo. Por supuesto que no tenía la menor idea de qué era aquello, ni el “bumba meu boi”, “Dragaô do mar”, el “forró”, los “soldados de la borracha”, los “cangaçeiros” o María Bonita. Desde entonces, hasta hoy, Brasil –y especialmente el Nordeste - se convirtió para mi en el único destino fuera de la Unión Europea, no es poco; sus dimensiones equivalen a diecisiete veces el territorio español. Desde el primer momento me llamó la atención que la estética artística dominante en las ciudades era netamente europea o norteamericana, lo que aquí llamamos occidental.

Conocí vida y obra de Chico da Silva en los libros de Roberto Galvâo y tuve sus obras por primera vez en mis manos dos años más tarde, en los días en que organizamos una exposición de obra gráfica del autor español José Rincón en el MAUC de Fortaleza, el Museo de Arte Universidad de Ceará. Pedro Eymar, el director, y propulsor de la ampliación recién terminada, nos mostró en los depósitos del Museo las obras realizadas por Chico en el tiempo que fue contratado por la Universidad, como fórmula para sostener económicamente al artista y que éste pudiese continuar desarrollando su tarea creativa. Fue un auténtico privilegio porque aquellas obras nunca habían sido expuestas públicamente. Quedamos maravillados y desde entonces adquirí el compromiso interno de procurar la difusión de aquel trabajo que, como poco, estimé auténtico y universal, y una buena base sobre la que afianzar la autoestima y reconocer los valores estéticos autóctonos.

Como desgraciadamente sucede en otros países del ex- -Tercer Mundo, en Brasil la distancia entre la ciudadanía, entre ciudadanos de primera y segunda, y las dificultades de pasar del segundo grupo al primero es una de las cuestiones que más me conmueven. Están viviendo un presente distinto del nuestro, si bien, en la actualidad los acontecimientos se precipitan con tal aceleración, que estimo que este orden de cosas no irá más allá de diez o quince años, quizás sólo seis o siete.

En general, visitando las ferias de arte internacionales, y sólo como una apreciación estética, se puede observar como la representación brasileña suele ser blanca, como blancas son las actrices o modelos que aparecen en las portadas de las revistas y blanca ha sido la élite social, política y económica que ha dirigido el país. Y esto justamente en la nación del mestizaje. El arte reproduce las estructuras del poder y frente al concepto de calidad elitista, distante de la sociedad, procede el inicio de un diálogo riguroso que sitúe en el mismo nivel obras y autores procedentes del arte culto, el de masas y el popular, atendiendo a criterios como esencia y finalidad.

MODERNIDAD Y POSMODERNISMO

Uno de los logros de los tiempos posmodernos, en que vivimos, es la apertura del espacio, con múltiples perspectivas para analizar los problemas contemporáneos y observar los errores sobrevenidos en la modernidad. Entiendo por modernidad el período de transformación de la sociedad rural tradicional a la sociedad industrial y urbana moderna; que se produce con la Revolución Industrial, pero que no se da en todos los lugares al mismo tiempo.

Mirando en este caso al continente brasileño, tienen sentido las palabras del investigador argentino, nacionalizado estadounidense, Walter Mignolo, hacia el Tercer Mundo americano: “La colonialidad del poder implicó la colonialidad del saber y contribuyó a desmantelar (a veces con buenas intenciones) los sistemas legales indígenas y también (nunca con buenas intenciones) a desmantelar la filosofía y organización económica indígenas”.

Era un tiempo esencialmente elitista, centrado en el dominio del hombre, que mantenía estructuras del pasado para establecer las jerarquías del poder. Además, en el siglo XX, con la implantación de la televisión se produce una decisiva desculturización de los pueblos cuya cultura se basaba en la tradición oral, produciendo una lamentable desectructuración social.

Hoy la situación está cambiando, recupera valor lo local, no hay una situación tan egocéntrica, somos parte de una situación enormemente compleja e indefinida, y existe una coyuntura más dialogante. Esta coyuntura sumada a la necesidad de recuperar los signos de identidad que permiten a las diferentes comunidades a tomar posiciones en el nuevo escenario mundial, sin la confusión de los signos impuestos, ha llevado a que se tome en valor la obra de artistas populares o indígenas, como es el caso de Chico.


GLOBALIZACIÓN

En realidad se trata de un capitalismo global. Porque, por el momento, únicamente el capital es global y mediante el márketing y la publicidad se pretende la homogeneización de la sociedad. En palabras de Antoni Muntadas (artista barcelonés padre del net.art español que vive y trabaja en Nueva York): “A través de campañas, carteles, radio y televisión, el poder se impone, no por las armas, sino más bien por el sonido y la imagen”. Ciertamente, con el desarrollo tecnológico actual sorprende el uso de la guerra convencional y los diferentes terrorismos. Ambos parecen destinados a generar y difundir imágenes y mensajes con el fin de afectar al cuerpo emocional de las diversas sociedades, confrontando negativamente seguridad y libertad.

Mediante el mecanismo de asimilación se sustituye el consumo diario de cultura popular por la cultura de masas, como forma hegemónica y excluyente. Frente a esta concepción del mundo separado de sus raíces culturales, aparece la aceptación de diferentes mundos con su “historia interna específica, ritmo propio y modo peculiar de existir en el tiempo histórico y en el tiempo subjetivo” (Alfredo Bosi).

“Por otra parte la mezcla consciente o apropiación de elementos de otras culturas, aparece como vía de interculturalidad, como contrapunto de la imposición que persigue la homogenización” (Antonio Gramsci). En definitiva, sin imposiciones puede haber, y hay, aceptación y préstamo de elementos entre diversas culturas, lo que las enriquece mutuamente.

El exceso económico y técnico en EEUU y Europa dificulta el ejercicio del pensamiento crítico, en contraposición del pensamiento único, quedando a cargo de grupos o personas casi marginales o, cuanto menos contraculturales, puesto que las sociedades norteamericana y europea ensalzan la competitividad, la eficiencia y el éxito. De ahí la importancia inusitada que cobra el pensamiento crítico proveniente de las sociedades en vías de desarrollo, como es el caso de Brasil. Chico, artista de generación espontánea, fuera de toda moda o tendencia impuesta desde el exterior, es exponente de esta sociedad brasileña al margen de la cultura de masas.

CHICO DA SILVA. EL NORDESTE

Entiendo que el Nordeste mantiene una dualidad, dos historias, dos culturas vivas, que no comprendemos sin conocer la intra-historia que, pese a la desculturización, aun no se ha borrado.

Uno de los valores del artista Chico da Silva es que su obra es un canal que conecta con la mitología más profunda y él mismo actúa como un chamán que desconoce, o no alcanza a explicar, el origen de su conocimiento.

“Así como los restos humanos y objetos hallados en las entrañas de la tierra nos conducen al conocimiento del tipo físico y de la civilización material del hombre prehistórico, de la misma manera el saber popular, que conserva los restos de sus creencias, nos dará a conocer la mitología y los cultos antiguos y nos ayudará a reconstruir la cultura espiritual de las primeras edades”. Son palabras del investigador José Miguel Barandián, recogidas en el libro “Quousque Tandem…!” del escultor Jorge Oteiza, que ilustran cuál es la intra-historia a la que me he referido.

Me entusiasma en el arte de Chico -un indio que no conoció la Escuela y que aprendió con su padre viajando por los ríos, en contacto con la naturaleza- que es un arte apre-hendido del mundo de la imaginación, el sueño y la alucinación, donde aflora el subconsciente ¿colectivo? Pintando de una manera intuitiva y no reflexiva, plasma, con una estética surrealista, paisajes alucinantes llenos de animales, bichos y monstruos; creando escenas mágicas. Su arte persigue enriquecer la sensibilidad de todos para elevar su comunidad a un estadio superior.

Teniendo en cuenta que muchas de las tradiciones que conservan las comunidades mas humildes del Nordeste son de procedencia ibérica, “literatura del cordel” (poesía y xilografía), “Bumba meu boi” (danza teatralizada y espontánea), “laberinto de bilro” (encaje de bolillos) y otras técnicas textiles, etc., teniendo en cuenta el pasado común -Vicente Pinzón fue el primer navegante europeo que recorrió las costas del Nordeste, antes de que Cabral descubriese la costa de Brasil, el Brasil “Filipino” en el tiempo del Imperio de Felipe II- y la gran presencia que en la actualidad tiene España en Latinoamérica, existen las condiciones para la creación de un puente intercultural que facilite el intercambio, sin imposiciones, sin dominio y poniendo en valor el diálogo. El acercamiento está presente tanto en las formas culturales como en las lingüísticas.

JOAN PONÇ

El alter ego de Chico da Silva en Cataluña sería Joan Ponç. Uno de los pintores catalanes más importantes del siglo XX con el que tiene múltiples coincidencias, tanto en vida como en obra.

Joan Ponç, como Chico, están pendientes de un auténtico reconocimiento, que profundice en el estudio y divulgación de sus respectivas obras. Incluso de ocupar el lugar que les corresponde como referencias populares en sus respectivos ámbitos.

Ambos tuvieron vidas paralelas y fallecieron en los años ochenta, en ciertos períodos experimentaron con temas similares, fruto de la intuición y la psicodelia; generaron una escuela y disfrutaron de discípulos con los que experimentaron profesionalmente. Pasaron temporadas recluidos en sanatorios mentales, enfrentaron periodos prolongados de dificultades económicas, e incluso Ponç vivió diez años en Brasil. Crearon sin dejarse llevar por los patrones estéticos establecidos y compartieron la convicción de que “el arte no es disciplina, sino libertad” (Arnau Puig).


CONDICIONES PARA UNA REVOLUCIÓN CULTURAL

Es tiempo de que reaccione el Nordeste, con su propio estilo, apreciando sus propios valores y abandonando el complejo de inferioridad creadora, frente al sur más industrializado, urbano y moderno.

El arte -como punta de lanza- es la herramienta adecuada, en sus diferentes representaciones (plástica, artesanía, cine, danza, música, teatro…) para generar una fuerte explosión creativa, proponer y definir nuevas relaciones socio-económicas, espirituales y humanas, así como para contar cómo todo esto acontece.

El Ayuntamiento de Sitges, villa costera como Fortaleza, ha tenido la sensibilidad y generosidad de acoger y patrocinar esta inusual exposición de la obra de este espléndido personaje y artista. Obra original por naturaleza que sintoniza por igual con el arte precolombino y con un arte tan contemporáneo como el de Joan Ponç.

Sitges, ciudad de artistas desde hace más de cien años, es ejemplo vivo de cómo el arte –y la generosidad de los artistas- puede ser protagonista de una enorme transformación económica, salvando importantes valores estéticos. Aquí he soñado que Ponç y Chico beben cachaça frente al fuego, junto a una ventana que da al mar. Ponç pregunta: “¿los monstruos existen?”, Chico responde: “¡Claro! Yo los he visto en el cine”. Y descubro en las pinturas de Chico los mapas del tesoro que guarda, durante siglos, la mayor riqueza aun sin expoliar: humanidad.

Texto: Francisco Lara Mora.


martes, 11 de marzo de 2008

Exposición CHICO DA SILVA. Barcelona









CUANDO EL IMPULSO Y LA CREACIÓN COINCIDEN

Chico da Silva cuya vida transcurre entre 1910/1923 y 1985 en medio de las leyendas y las realidades de las zonas sur amazónicas del Brasil, en una de cuyas lindes con el mar se halla la océano atlántica Fortaleza – que acabó dando nombre de ciudad al lugar -, nacida de la voluntad de Felipe II cuando, como se decía, en sus reinos nunca se ponía el sol, tierras, empero, que debían ser militarmente salvaguardadas de las curiosidades de los burgueses holandeses, o de las ansias expansivas de los poderes de otras procedencias, en esas geografías, con todo lo que ello supone de realidad natural y de ingerencia humana a base de aniquilaciones de población y de inmigraciones provocadas y forzadas, en esos lugares aparece un nativo que siente la necesidad de expresar, plasmándolas en imágenes con formas y colores, sus vivencias: es Chico da Silva. 

Si tenemos noticias de él es porque hubo alguien, un curioso foráneo, Jean-Pierre Chabloz, que viendo lo que dibujaba y pintaba aquel indígena creyó que valía la pena dar a conocer sus figuraciones formales a los llamados centros de alta cultura por lo que de interés etnológico y antropológico pudieran contener, pero también porque en la cultura occidental se ha dado en considerar arte lo que en otras zonas de concentración u organización humana no es nada más que expresión de no sabemos exactamente de qué tipo, si vivencial, de asentamiento y conocimiento en un territorio, o se trata de una información espiritual que pueda convenir a otros semejantes para que estén al tanto de las circunstancias y puedan prevenir o defenderse de lo que les pueda acechar, pero que desde una perspectiva estrictamente estética – expresión sensible – puede ser considerado arte: un mundo de formas que tienen suficiente autonomía para ser tomadas fuera de su contexto y percibidas como simple complejo formal de líneas y colores según una cierta combinación, sin más, y que se agota con su presencia y realidad plástica.

Creo que en lo que acabo de relatar está emplazado todo el contenido de las maravillosas y extrañas formas que – conducido y fomentado de la mano de Chabloz – realizó, durante los años en que estuvo en condiciones para ello, Chico da Silva. Se trata de una flora y de una fauna que podrían perfectamente pertenecer a una zoomorfología y a una botánica delirante que nace del imaginario de su creador, pero que también tiene su génesis en lo que la realidad ofrece y las historias que le han contado al activista artista – aquel que con sus manos y con lo que tiene derredor suyo es capaz de elaborar formas para lo que no las tiene definidas - impulsan y provocan al que se siente creador de mundos que no se ven pero que se sienten en lo más profundo de la intimidad.

Chico da Silva en una cultura racionalista de tipo occidental sería considerado un artista magicista porque las formas no provienen de la copia de lo que objetivamente le entorna sino de un impulso interior incontrolado que, no obstante, la sociedad sabe que nace de un incómodo asentamiento ante la realidad social, de una especial condición fisiológica del afectado o de ambas cosas a la vez. Pero en una sociedad natural, primaria, con todos los avatares históricos que sin embargo ello implica aun en la actualidad, en este tipo de entorno provocador de formas, el artista, el creador, en este caso Chico da Silva, cuando dibuja, pinta, se expresa, lo que transfiere en los planos al alcance de su entorno es lo que él cree entrever, sabe con que se topa cuando vive, se enfrenta, cuando medita o confabula para emplazarse en la realidad. Hemos de decir, pues, que se trata de una expresión natural, sincera, manifestada espontáneamente; y así es percibida, sin los mecanismos psicológicos o de defensa con los que pueda actuar su actor, Y así es considerada obra de arte. La cultura occidental en todos los tiempos ha dado muy buenos ejemplos de artistas y de obras de arte que han aparecido y se han manifestado en estas circunstancias de creatividad. No vamos a considerar indigenista la creación de alguien que procede según los condicionantes de la creatividad de todos los tiempos y de todas las latitudes simplemente porque tengan sus obras una génesis fuera de los contextos establecidos y aceptados.

Una reflexión final que me ha proporcionado la visión en directo de un buen número de obras de Chico da Silva es que me ha ayudado para una cuestión que si bien no es trascendental para la actualidad vital sí que lo puede ser para un saber cultural falsamente enfocado y orientado: el que se refiere al tronco único de la génesis del hombre en la tierra. No es preciso que todos provengamos de una única pareja inicial, que haya un solo origen para toda la especie humana. Chico da Silva me ha provocado la sensación que en cualquier parte del mundo, en las circunstancias más variadas puede aparecer el hecho sensible humano y, consecuencia de ello, a partir de una manera consciente de encontrarse en el mundo empezar a aportar las respuestas formales que nos permitan conocerlo según nos parece o se nos antoja.

La humanidad ha aparecido en muchas partes del mundo y en cada una de ellas se ha desarrollado según las circunstancias en las que se hallaba y en función y relación con lo que fuere su entorno. La fauna y la flora que ha elaborado mágicamente Chico da Silva es la prueba que el ser humano vive profundamente su entorno, su circunstancia, lo que sabe de ello y lo que le han contado y, a partir de todo ello elabora la forma de posesionarse de la realidad. En determinadas circunstancias esas formas elaboradas pueden ser consideradas obras de arte, en otras circunstancias son la expresión de los afectos y de los temores del entorno para con quien está en contacto con la realidad insoslayable de la naturaleza y, en la actualidad, de las culturas tecnificadas.

Muchas gracias Chico da Silva; aprenderemos mucho de tus ingeniosas, ricas y formalmente suculentas obras. Merecen ser estudiadas con detalle y profundidad. 

Texto: Arnau Puig. Filósofo y crítico de arte (en la fotografía superior).

viernes, 1 de diciembre de 2006

Exposición GRABADORES BRASILEÑOS. Sitges

OBRA GRÁFICA

El grabado es una tradición en Ceará (estado del nordeste brasileño). Antes de la llegada de los conquistadores ibéricos, en 1500, el indio cearense se manifestaba a través del grabado sobre las piedras de los lugares donde habitaba. Con la llegada de la tecnología de la prensa, para huir de la imposibilidad de obtener matrices de cobre o zinc, el recurso fue el uso de los grabados en madera.

A partir de los años treinta del siglo XX, con la implantación de gráficas en el interior del Estado de Ceará, en las regiones denominadas “sertôes”, principalmente en las regiones del Crato y Juazeiro do Norte, a través de ediciones de los folletos de “cordel”, la xilografía gana popularidad. La falta de fotógrafos y la eterna dificultad de obtener matrices de metal, fuerzan la reaparición de la xilografía para cubrir la demanda de material ilustrativo para rótulos de bebidas, dulces, medicinas, propagandas y portadas de folletos. Los artistas surgen de la capacidad de improvisación.

Son los propios poetas o “santeros” y hacedores de “ex-votos” habituados con el corte de la madera, o aún, personas ligadas a la gráfica, impresores, trabajadores o parientes de los propietarios. Se puede decir que el grabado popular, en Ceará, es el resultado creativo de la capacidad de enfrentamiento de la adversidad y de la pobreza. En los años cuarenta, en el tiempo de la guerra, los artistas cearenses son atraídos, de nuevo, por la fuerza expresiva de la xilografía en su carácter más artístico, libre de los lazos de la industria editorial tipográfica.

En el final de la década de los ochenta, con la implantación del Taller de Grabados y Papel Artesanal, en el Museo de Arte de la Universidad Federal de Ceará MAUC, coordinada por Eduardo Eloy, la técnica del grabado en madera gana una nueva energía. Surgieron otros talleres y varios fueron los artistas que optaron por la xilografía. La muestra de “Grabadores brasileños en pau d`arara” reúne algunos de los más expresivos artistas de la xilografía que hoy actúan en Ceará: Sergio Lima, Sebastião de Paula, Roberto Galvão, Nauer Espíndola, Francisco Bandeira, Francisco Almeida, Abelardo Brandão y Francisco Lara.

Son artistas de variadas tendencias y generaciones, unos ligados a movimientos más racionalistas y otros al mundo fantástico de la cultura base y otras vertientes del rico universo popular. En todo es posible percibir la característica básica del grabado cearense: un corte que explica el modo radical del claroscuro, del negro en el blanco, utilizado como elemento expresivo de tensión. Es una estética peculiar que trae en su seno la tradición de la artesanía del trabajo de la madera y todas las raíces que componen el molde formador de la cultura cearense.

Texto: Roberto Galvão.

viernes, 13 de diciembre de 2002

Exposición GRABADORES BRASILEÑOS. Segovia


OCHO GRABADORES BRASILEÑOS


Saludemos con alegría la presencia en nuestra ciudad de la galería de arte Pau d' Arara, enclavada en plena Plaza Mayor, junto a la Catedral, en un lugar céntrico y propicio para cosechar muchos éxitos, si los vientos alisios de la Fortuna, junto con un buen trabajo la sonríen. Y junto con otras circunstancias complicadas más, pues sabido es lo complicado que es este mundo del arte, siempre a contrapelo de las abusivas leyes económicas que nos imponen los modernos globalizadores del capitalismo puro y duro, duro de mollera, inculto muchas veces. Segovia necesita centros culturales como el comer, o si nos van a comer los comedores de cochinillos y sus amigos los restauradores (¡qué palabro!)...

Pau d'Arara nos enseña una pequeña muestra del actual grabado brasileño, ocho artistas de este gran país, todos ellos de notable calidad y cada uno con su trazo y con su mundo propio...aunque habrá que decir que existe entre todos ellos un sutil hilo conductor, un hilo entre social, mágico, sexual, religioso, mitológico y exótico.

Abelardo Brandão cuelga unos intensos y afilados grabados en blanco y negro de niños de ojos negros y grandes y, posiblemente grande injusticia social sobre ellos.  Sebastião de Paula graba un particular y delirante bestiario. Francisco Bandeira se decanta por unos inquietantes personajes alados. Francisco Lara plasma el movimiento con sus danzantes bailes festivos y rituales, o las dos cosas. Sergio Lima mezcla su arquitectura lineal con formas orgánicas (caracoles). Roberto Galvão nos enseña unos seres mitológicos y musicales, mitad cabra mitad minotauro. Spíndola llena sus grabados de signos aparentemente religiosos o iniciáticos: emblemas, amuletos, totems. Y Francisco Almeida nos presenta al bravo guerrero "O Filho do Sol", y también a su compañera "A Filha Do Sol Com a Lua", rodeados de grafismos, oraciones y ex votos.

En definitiva, una muy interesante exposición de unos excelentes grabadores, que seguramente enriqueceran el acervo cultural de los aficionados segovianos. Repetimos las enhorabuenas a la joven Galería Pau d`Arara.

Texto: Antonio Madrigal (EL ADELANTADO DE SEGOVIA/14 de enero de 2003).

                                       ******
XILÓGRAFOS

El actual arrinconamiento de las lenguas clásicas hace temer, cada día más, que se pierda ese bello ejercicio de deducir la naturaleza de las cosas a partir de la etimología de la palabra que las designa, y que sirve para saber que un xilófono solo puede ser de madera y que un xilófago es un devorador de madera. Los rudimentos de latín y griego, que tanto ayudan en el campo de la medicina y del derecho, deben seguir sirviendo, además, para que los naturales de la cordobesa Cabra, sigan siendo egabrenses, como alguién le respondió a aquel ministro franquista, pico de oro, con nombre de mayonesa, el de <>.

Pues la raiza griega "xilo" es la que da carácter a la exposición que presenta el nuevo establecimiento Pau d'Arara, un bello y sugerente combinado de tienda de regalos y galería de arte, donde se juntan y se separan las fronteras entre la artesanía, el diseño, las artes aplicadas y el arte a secas.

Esta tienda-galería que mira a la Catedral, promete regalos para todas las miradas, regalos para la simple excitación de la retina y regalos tangibles, objetos que son auténticas obras de arte y que encajan con una línea refinada y actual, sin caer en el "lladronismo"  (deduzca el lector la fácil etimología) ni en el "botijismo". Bienvenida sea Pau d'Arara, expresión que en última instancia, viene a significar <>.

La xilografía, técnica de grabado en la que la plancha, el tipo,el sello, el original, se graba sobre madera, parece que ya tenía tradición en Brasil.. Con el tiempo, a través de no pocas simbiosis, se ha producido el natural mestizaje, apreciándose una notable referencia a los orígenes de las culturas, a sus mitos, a sus totems, sus demonios y sus dioses.

Yo diría que Sergio Lima es el más europeo, racionalista y geométrico, con más referencias a elementos arquitectónicos que a la naturaleza. Nauer Spíndola hace unas pictografías de tan amplio espectro, que recogen formas de origen americano prehispánico y de pintura neolítica esquemática, tipo Almadén, pasando por Miró y el primer Millares, hasta intuir las hoy popularísimas formas salidas de las manos de Penck y de Haring.

Magia y animismo.
Sebastião de Paula parece evocar las más temibles fuerzas ocultas de la naturaleza, expresadas en animales fantásticos con cara de pocos amigos. Algo similar hace Roberto Galvão, pero sus animales parecen vivir en el interior de cada uno. Francisco Bandeira también se remonta  a las fuerzas de la magia y del animismo, pero ya ordenadas y codificadas en esquemáticas y simétricas estructuras, mitad totem, mitad escudo.

Abelardo Brandão es mucho más directo y nos pone ante los ojos algo más duro que cualquier monstruo y más inquietante que cualquier fuerza oculta, por satánica que sea: los niños, simplemente los niños de la calle, niños de Brasil que transmiten una infinita tristeza. Francisco Almeida utiliza un lenguaje abigarrado entre punk y grafitero, un poco agobiante, que es lo suyo.

Francisco Lara, el único español, hace sus composiciones a base de esquematizar formas animales y vegetales, con el mismo buen resultado, transmitiendo siempre ese aire primitivo que el grueso trazo de la xilografía aporta y que la textura del papel hecho a mano favorece.

Texto: Jesús Mazariegos (EL NORTE DE CASTILLA / 17 de enero de 2002).


Texto: Roberto Galvão.