viernes, 16 de abril de 2004

Exposición Javier Ayuso. Segovia



PINTURA S/PINTURA

Javier Ayuso nace en Segovia en 1951. En 1970 inicia estudios de Ciencias Políticas y Derecho en Madrid, instalando tiempo después su residencia en Euskadi en el período de la llamada Transición. Allí es donde nace y se desarrolla su obra influenciada por la convulsa situación política. Realiza exposiciones de marcado compromiso social, participando en bienales y cosechando premios en el Internacional de Villa de Bilbao, Bienal de pintura de Donostia-San Sebastián o la muestra de artistas donostiarras en Wiesbaden (Alemania).

La pintura de Javier Ayuso no pretende ser complaciente en la búsqueda de valores puramente estilísticos y mercantilistas, ni permanecer indiferente a los cambios del mundo. Busca dar luz a una parte desconocida de nosotros mismos y descubrir una forma no verbal de comunicación.

Cuando Javier comenzó pintar en los años 70, el mundo era muy diferente al de hoy. Tras la caída de los muros que protegían la fantasía, se muestra la fragilidad de las ilusiones y las utopías. Las enfermedades en forma de “neumonías atípicas” (colza, síndrome del Golfo, neumonía asiática…), los fundamentalismos, terrorismos, guerras preventivas y masacres (daños colaterales) denotan que el progreso, por ese camino, no es de todo deseable. La paz y el amor cada vez más lejanos…La situación de guerras y entreguerras se convierte en cotidiana, en cierto modo similar al momento en que los expresionistas abstractos estadounidenses como respuesta a un estado espiritual desesperado, reaccionan contra la hegemonía del intelecto, permitiendo la expresión libre y subjetiva. Y, en opinión del autor, el avance tecnológico no parece ser garantía de progreso social y político. Parafraseando a Anthony Everitt “El racionalismo esperanzado de la sociedad moderna está desacreditado”.

De regreso a su tierra natal, hace ya diecisiete años, no ha podido permanecer como un simple observador, y tras un período alejado de la creación material, en esta exposición encontramos tanto el reconocimiento para aquellos amigos y artistas que ya no están, como la memoria dialéctica crítica con la que expresa su particular visión de los acontecimientos que le emocionan.En este proceso de escenificar la angustia acumulada, se genera una enorme ansiedad creativa que abre dimensiones que encuentran su espacio en el arte, dónde los seres humanos y la naturaleza de las cosas dejan de someterse al principio de la realidad establecida. Ese punto que se vuelve perceptible, visible y audible, cuando disfrutamos de la visión de una mirada originaria, mágica, exenta de condicionamientos. Ese momento en que lo ficticio y lo absurdo del arte se tornan como una nueva realidad.

En sus manchas de colores, sus composiciones y collages realizadas con una espontaneidad fascinante, a velocidad de vértigo y por un camino de obsesión, casi enfermiza, pintando sobre lo pintado, encontramos sus contradicciones, multiplicidad de perspectivas y su profunda coherencia. En ningún caso se le podría clasificar como un productor de arte regionalista, ni por descontado localista, muy por el contrario, espontáneamente abierto al mundo.

Velos de pigmento que empapan el fondo, color cálido que descansa sobre el frío, frío sobre cálido, oscuridad sobre luz y luz sobre oscuridad…y una vez más pinceladas de geometría irrefrenable. Aunque las composiciones de Javier pueden separarse, él encuentra medios para preservar la integridad del conjunto. No hay punto central de atención. Sus rectángulos llenan la obra y confirman su morfología. Contrastando las posibilidades arquitectónicas más formales con el gesto y movimiento más intuitivo. La pintura de Javier Ayuso no surge de un modelo a deformar, sino que, por el contrario, busca el nacimiento de la realidad. En él el acto de pintar tiene tanta importancia como el resultado.

Texto: Francisco Lara